Mi hijo estudia psicología, pero sobre todo es un cúmulo de conocimientos generales y no tan generales. Eso sumado a su grandilocuencia, es un tipo que te puede fascinar o caer mal.
Además tiene sus momentos graciosos, su apodo en la familia era Google aunque ahora es ChatGPT porque le puedes preguntar cualquier cosa y te responderá con algo de sentido sino es que la respuesta correcta.
Así que el desafío era identificar a esa persona Misteriosa antes de cierta hora o sino sería rapado.
Todo bien en una típica apuesta de jóvenes borrachos. Aunque su hermana hizo la observación de que era como una buena apuesta algo estúpido.
Y su argumento no tenia falla, ya qué en la apuesta figuraba el castigo pero no había premio. Si el ganaba no obtenía nada adicional a la satisfacción de demostrarles lo grandioso qué puede ser su ego.
Y el solo contesto qué el solo lo hacía por amor al juego. Y es que sabia que podría perder su larga cabellera, pero le emocionaba más demostrarles a todos lo maravilloso que es resolviendo acertijos.
Y entonces caí en cuenta. Somos muy parecidos, somos unos idiotas engreídos y románticos.
Así he amado por amor al juego, sabia lo que podía perder, pero si ganaba obtenia la satisfacción de tener razón.
El ganó esta vez. Conservo su cabello. Yo perdí en una de esas y escribo desde la moche en un starbucks robando el wifi.
Pero lo hacemos por amor al juego.
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